
Scottie es un detective de San Francisco que tiene miedo a las alturas, después de que un compañero suyo se precipitase al vacío desde un edificio. Un tiempo después, un amigo suyo le pide que vigile a su mujer, Madeleine, puesto que algo misterioso parece acecharla desde su pasado.
Esa es la historia que plantea Hitchcock para el comienzo de su película. He visto pocas cintas todavía de este clásico director (deuda que voy saldando poco a poco), pero debo reconocer que aunque todavía no he visto ninguna que pueda considerar como de mis favoritas, sí que todas las que he visto me han gustado. Y es más, le reconozco un gran dominio de la historia.
Esperaba que, haciendo honor al título, el vértigo del protagonista apareciera de forma recurrente a lo largo de la película, pero sólo hace acto de presencia en contadas ocasiones, muy seleccionadas. En cambio, plantea una historia de amor imposible y enfermiza, donde hay momentos en los que da una sensación verdaderamente angustiosa. Kim Novak y James Stewart están muy bien en sus papeles, sobre todo el segundo, transmitiendo de forma más que correcta las sensaciones de sus personajes, mostrando una buena química entre ambos. En especial en la segunda parte de la película.
Y es que al igual que en Psicosis, Hitchcock pasa olímpicamente de la estructura previsible de la película, y toma unos caminos inesperados pero que encajan muy bien con los personajes y su trasfondo. El misterio de Madeleine queda medio resuelto a mitad de película, y entonces da paso a una parte dolorosa y enfermiza, los personajes se derrumban y son sombras de lo que llegaron a ser, y con una resolución acorde al desarrollo en un buen clímax final.
Una película muy entretenida, con personajes bien construidos y actuados, y con una historia que da más de lo que podría aparentar en un principio. Como digo, quizá no llega todavía el punto en el que considere el cine de este director como de mis favoritos, pero desde luego ver una obra suya nunca es una pérdida de tiempo.
Esa es la historia que plantea Hitchcock para el comienzo de su película. He visto pocas cintas todavía de este clásico director (deuda que voy saldando poco a poco), pero debo reconocer que aunque todavía no he visto ninguna que pueda considerar como de mis favoritas, sí que todas las que he visto me han gustado. Y es más, le reconozco un gran dominio de la historia.
Esperaba que, haciendo honor al título, el vértigo del protagonista apareciera de forma recurrente a lo largo de la película, pero sólo hace acto de presencia en contadas ocasiones, muy seleccionadas. En cambio, plantea una historia de amor imposible y enfermiza, donde hay momentos en los que da una sensación verdaderamente angustiosa. Kim Novak y James Stewart están muy bien en sus papeles, sobre todo el segundo, transmitiendo de forma más que correcta las sensaciones de sus personajes, mostrando una buena química entre ambos. En especial en la segunda parte de la película.
Y es que al igual que en Psicosis, Hitchcock pasa olímpicamente de la estructura previsible de la película, y toma unos caminos inesperados pero que encajan muy bien con los personajes y su trasfondo. El misterio de Madeleine queda medio resuelto a mitad de película, y entonces da paso a una parte dolorosa y enfermiza, los personajes se derrumban y son sombras de lo que llegaron a ser, y con una resolución acorde al desarrollo en un buen clímax final.
Una película muy entretenida, con personajes bien construidos y actuados, y con una historia que da más de lo que podría aparentar en un principio. Como digo, quizá no llega todavía el punto en el que considere el cine de este director como de mis favoritos, pero desde luego ver una obra suya nunca es una pérdida de tiempo.